ACTIVIDAD Nº 1:
1-
AREA: AMBIENTE NATURAL Y SOCIAL. PROYECTO “EL
CONSULTORIO MEDICO”
CONTENIDO: exploración de las posibilidades del juego y de
elegir diferentes objetos, materiales e ideas, brindando igualdad de
oportunidades a los niños.
CAPACIDAD: Aprender a aprender.
ACTIVIDAD: Para dar cierre al proyecto realizamos un video
jugando al consultorio médico.
PROPUESTA DIDÁCTICA: organizamos el espacio de juego y
Jugamos a hacer las cosas que suele hacer el doctor, Ordenar la sala de espera,
llenar papeles, atender el teléfono, tomamos la temperatura, curamos heridas,
hacemos el examen físico, vemos si están bien los ojos y los oídos, colocamos
la vacuna, nos pesamos, medimos estatura y tamaño de la cabeza, etc...
(Enviamos un video corto del juego a la seño para ensamblar junto al resto de
los compañeros). Recuerden que para poder participar del video todos
deben haber enviado la autorización firmada de USO DE LA IMAGEN, y completa de
forma correcta.
Para ver el video has click en el siguiente enlace:
2-
ÁREA: MATEMÁTICA
CONTENIDO: Exploración de situaciones referidas a las
acciones de agregar, quitar, repartir reunir, partir
CAPACIDAD: Resolución de problemas.
PROPUESTA DIDÁCTICA: A SUMAR Y UNIR CON FLECHAS EL
RESULTADO.
PARA VER EL VIDEO DE LA ACTIVIDAD HAS CLICK EN EL SIGUIENTE ENLACE:
3-
Seguimos educando:
RECREO: ¡VAMOS A JUGAR EN
FAMILIA! CON LA CARRERA DE LA TORTUGA Y LA LIEBRE.
1- LITERATURA:
DISFRUTAMOS DE CUENTOS QUE VIAJAN: “LA
PLANTA DE BARTOLO”
De Laura Devetech.
PARA VER EL CUENTO: https://youtu.be/JZ1-KlZbisE
La planta de Bartolo
El buen Bartolo sembró un día un hermoso cuaderno en un
macetón. Lo regó, lo puso al calor del sol, y cuando menos lo esperaba,
¡trácate!, brotó una planta tiernita con hojas de todos colores. Pronto la
plantita comenzó a dar cuadernos. Eran cuadernos hermosísimos, como esos que
gustan a los chicos. De tapas duras con muchas hojas muy blancas que invitaban
a hacer sumas y restas y dibujitos. Bartolo palmoteó siete veces de contento y
dijo:
—Ahora, ¡todos los chicos tendrán cuadernos!
¡Pobrecitos los chicos del pueblo! Estaban tan caros los
cuadernos que las mamás, en lugar de alegrarse porque escribían mucho y los
iban terminando, se enojaban y les decían:
—¡Ya terminaste otro cuaderno! ¡Con lo que valen! Y los
pobres chicos no sabían qué hacer. Bartolo salió a la calle y haciendo bocina
con sus enormes manos de tierra gritó:
—¡Chicos!, ¡tengo cuadernos, cuadernos lindos para todos!
¡El que quiera cuadernos nuevos que venga a ver mi planta de cuadernos!
Una bandada de parloteos y murmullos llenó inmediatamente la
casita del buen Bartolo y todos los chicos salieron brincando con un cuaderno
nuevo debajo del brazo. Y así pasó que cada vez que acababan uno, Bartolo les
daba otro y ellos escribían y aprendían con muchísimo gusto. Pero, una piedra
muy dura vino a caer en medio de la felicidad de Bartolo y los chicos. El
Vendedor de Cuadernos se enojó como no sé qué.
Un día, fumando su largo cigarro, fue caminando pesadamente
hasta la casa de Bartolo. Golpeó la puerta con sus manos llenas de anillos de
oro: ¡Toco toc! ¡Toco toc!
—Bartolo —le dijo con falsa sonrisa atabacada—, vengo a
comprarte tu planta de hacer cuadernos. Te daré por ella un tren lleno de chocolate
y un millón de pelotitas de colores.
—No —dijo Bartolo mientras comía un rico pedacito de pan.
—¿No? Te daré entonces una bicicleta de oro y doscientos
arbolitos de navidad.
—No.
—Un circo con seis payasos, una plaza llena de hamacas y
toboganes.
—No.
—Una ciudad llena de caramelos con la luna de naranja.
—No.
—¿Qué querés entonces por tu planta de cuadernos?
—Nada. No la vendo.
—¿Por qué sos así conmigo?
—Porque los cuadernos no son para vender sino para que los
chicos trabajen tranquilos.
—Te nombraré Gran Vendedor de Lápices y serás tan rico como
yo.
—No.
—Pues entonces —rugió con su gran boca negra de horno—, ¡te
quitaré la planta de cuadernos! —y se fue echando humo como la locomotora.
Al rato volvió con los soldaditos azules de la policía.
·
¡Sáquenle la planta de cuadernos! —ordenó.
Los soldaditos azules iban a obedecerle cuando llegaron
todos los chicos silbando y gritando, y también llegaron los pajaritos y los
conejitos. Todos rodearon con grandes risas al vendedor de cuadernos y cantaron
"arroz con leche", mientras los pajaritos y los conejitos le
desprendían los tiradores y le sacaban los pantalones. Tanto y tanto se rieron
los chicos al ver al Vendedor con sus calzoncillos colorados, gritando como un
loco, que tuvieron que sentarse a descansar.
·
¡Buen negocio en otra parte! —gritó Bartolo
secándose los ojos, mientras el Vendedor, tan colorado como sus calzoncillos,
se iba a la carrera hacia el lugar solitario donde los vientos van a dormir
cuando no trabajan.

FAMILIAS: 
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